3 oct 2015
Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.
Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que
estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre
sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que
mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó,
y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados,
para que no le conociesen. Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas
que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis
tristes?
Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le
dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido
las cosas que en ella han acontecido en estos días? Entonces
él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno,
que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante
de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales
sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte,
y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que
había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es
ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos
han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes
del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron
diciendo que también habían visto visión de ángeles,
quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros
al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero
a él no le vieron. Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos
de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No
era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara
en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por
todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que
de él decían. Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como
que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo:
Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha
declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.
Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo,
lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le
reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el
uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras
nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron
a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que
decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido
a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían
acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir
el pan. Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se
puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces,
espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.
Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón
estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo
mismo soy;
Lc.24.13.39
Muchas veces caminamos al lado de Jesús y no podemos reconocerlo, situaciones de nuestra vida nos nublan, nos angustian, nos hacen alejar de la fe, porque el mundo nos arrastra lejos de nuestros espíritus de fe, y Jesús viene a caminar con nosotros y a abrirnos los ojos para que veamos la verdad; pero depende de nuestro corazón el volver a recibirlo y no dejarnos envanecer por lo mundano. No resolvemos nosotros nuestro problemas, sino de la mano de Cristo, no andamos luminosos y eternos si no es de la mano de Cristo, no crecemos en el camino de la fe si no es de la mano de Jesús; es por eso que día a día debemos estar atentos y recibirlo en nuestro corazón para que él se nos manifieste y nos llene de su espíritu.
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