Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová.
Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y el hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.
Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dió a luz; porque cuando no era más que uno lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué.
Is.51.1.2
(Cómo fuiste llamado a la fe de Dios, como estabas antes de ser recortado de este mundo para entrar en el ser espiritual y unirte a Dios. Cómo llegó hasta ti la fe que Dios te ha regalado. De esto trata esta palabra, saber y recordar el principio de nuestra fe, cuando fuimos rescatados de la oscuridad hacia la luz. )
Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley.
No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes.
Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos y siglos.
Is.51.7.8
Yo, yo soy vuestro consolador.
¿Quién eres tu para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo del hombre, que es como heno?
Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir.
¿pero dónde está el furor del que aflige?
El preso agobiado será liberado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan.
Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sis ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.
Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.
Is.51.12.16
La maldad del hombre se desvanecerá, terminará y lo único que quedará es la justicia de Dios, si vivimos confiados en su protección sabremos que nada hay que venga de los hombres que no podamos superar gracias a la protección de Dios y de nuestros Señor Jesucristo.
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