Siempre estamos tratando de definir como es el amor, como se debe amar, y llenamos de palabras lo que deberíamos saber desde que nacemos; en realidad lo sabemos, lo tenemos escrito en nuestro corazón; pero los aires de este mundo nos hacen seguir caminos oscuros, alejados del amor y la verdad, confundiéndonos de tal manera que ya ni sabemos ni como, ni cuando, ni por que; el amor.
Sigo encontrando esta palabra una de las más iluminadas sobre el amor.
Sigo recurriendo a ella cada vez que flaqueo en el amor.
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado y no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser; pero las profecías acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
1Co.13.1.8Imprimir
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