Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos,
Y lo guardaré hasta el fin.
Dame entendimiento, y guardaré tu ley,
Y la cumpliré de todo corazón.
Guíame por la senda de tus mandamientos,
Porque en ella tengo mi voluntad.
Inclina mi corazón a tus testimonios,
Y no a la avaricia.
Aparta mis ojos, que no vean la vanidad;
Avívame en tu camino.
Confirma tu palabra a tu siervo,
Que te teme.
Quita de mí el oprobio que he temido,
Porque buenos son tus juicios.
He aquí yo he anhelado tus mandamientos;
Vivifícame en tu justicia.
Venga a mi tu misericordia, oh Jehová;
Tu salvación conforme a tu dicho.
Y daré por respuesta a mi avergonzador,
Que en tu palabra he confiado.
No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad,
Porque en tus juicios espero.
Guardaré tu ley siempre,
Para siempre y eternamente.
Y andaré en libertad,
Porque busqué tus mandamientos.
Hablaré de tus testimonios delante de los reyes,
Y no me avergonzaré;
Y me regocijaré en tus mandamientos,
Los cuales he amado.
Alzaré así mismo mis manos a tus mandamientos que amé,
Y meditaré en tus estatutos.
Acuérdate de la palabra dada a tu siervo,
En la cual me has hecho esperar.
Ella es mi consuelo en mi aflicción,
Porque tu dicho me ha vivificado.
Los soberbios se burlaron mucho de mí,
Mas no me he apartado de tu ley.
Me acordé, oh Jehová, de tus juicios antiguos,
Y me consolé.
Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos
Que dejan tu ley.
Cánticos fueron para mí tus estatutos
En la casa donde fui extranjero.
Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová,
Y guardé tu ley.
Estas bendiciones tuve porque guardé tus mandamientos.
Sal.119.33.56
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