Todo me es lícito, pero no todo me conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.
Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.
1Co.10.23.24
No os a sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también junto con la tentación la salida, para que podáis soportar.
Por tanto, amados míos huid de la idolatría.
1 Co.10.13.14
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
No seáis tropiezo ni a judíos ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios.
1Co.32.33
La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿Por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro?
Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias?
1Co.29.30
Cuando andamos en el camino de la fe y la luz de Jesús, nos vemos muchas veces confrontados por la propia ley y hasta por los propios hermanos, allí nuestro espíritu flaquea muchas veces temiendo el ser juzgados por nuestra forma de encontrarnos frente a Dios; pero además estamos seguros de andar en la luz, en esos casos, esta palabra viene a socorrernos; ya que no puedo ser yo censurado ni reprobado por la conciencia de otro, aunque ese otro sea un hermano en la fe, ya que mi forma de proceder es dentro de la gloria de Dios y para gloria de él. Es aquí en donde varias formas de ver la fe se suelen encontrar, que importa como vestimos o que comemos o que hacemos en nuestro tiempo libre o de que forma nos relacionamos si todo esto procede de la fe y de la abundancia de luz que nos brinda la palabra. Allí estaremos siempre protegidos por el amor de Dios y de Jesús. Tendremos tentaciones, como todo el resto de los humanos, pero a cada uno de nosotros conforme a dos cosas; una: no todos somos tentados por las mismas cosas, muchas formas hay para alejarnos de Dios, algunas podrían ser, dinero, drogas, poder, egocentrismo y más de las imaginadas, por eso a cada uno nos llegan por nuestro lado más débil. La segunda es que conjuntamente con las tentaciones estará la fuerza y la salida para no caer.
Por eso aunque todo me es lícito, me está permitido por la gracia de Dios, no todo me edifica y me ayuda a crecer, está en cada uno de nosotros el orar y pedir a Dios que nos muestre como andar en la fe sin caer en tentaciones que nos alejen del camino.
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