Jehová el Señor me dió lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.
Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás.
Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y esputos.
Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.
Cercano está de mí el que me salva; ¿quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el adversarios de mi causa? Acérquese a mí.
He aquí que Jehová el Señor me ayudará; ¿quién hay que me condene? He aquí que todos ellos se envejecerán como ropa de vestir, serán comidos por la polilla.
¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en si Dios.
He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y os rodeáis de teas; andad a la luz de vuestro fuego, y de las teas que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis sepultados.
Is.50.4.11
Elegir el camino de la fe abre mis oídos a la palabra de Dios, y me ilumina haciéndome sabia para poder reconfortar a otros, para poder compartir la palabra que hace que otros se acerquen a Dios.
No ser rebelde a la palabra, al entendimiento y a la fe que Jehová nos regala es estar en sintonía con el camino que él nos tiene preparados, es estar atentos a sus direcciones sin alejarnos de sus enseñanzas. Todo esto contrario a lo que se puede creer de que genera pesadumbre por seguir sus designios nos trae paz y tranquilidad de sabernos en la senda correcta. Nos hace libres de cualquier temor.
Cuando nos hallamos en la luz de Cristo y en el camino de la fe nada ni nadie puede avergonzarnos ya que estamos protegidos por la mano de Dios que jamás pondrá piedras en nuestro camino que no podamos superar.
Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé
Ahora si por la fe y el amor a Dios nuestros Señor estamos así de sabios, así de protegidos, tenemos los oídos súper abiertos y nos convertimos en seres tan luminosos, ¿quién podrá hacernos daño? ¿quién será capaz de juzgarnos o condenarnos?
Cercano está de mí el que me salva
Y ese que me salva es Jesús ya que en esta palabra de Isaías se hace presente, Porque él estuvo estuvo desde el principio.
El último párrafo nos habla de la soberbia del hombre que cree que puede iluminarse y guiarse a sí mismo, sin saber que la falta de humildad para confiarse a Dios lo vuelve bulnerable, y prisionero o esclavo de las maldades de este mundo haciendolo vivir en tinieblas y lleno de anciedades y aflicciones que con la fe de Cristo se convertiría en una vida de luz y de libertad.
Imprimir
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario