Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos
De continuo, hasta el fin.
Aborrezco a los hombres hipócritas
Mas amo tu ley.
Mi escondedero y mi escudo eres tú;
En tu palabra he esperado.
Apartaos de mí, malignos,
Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.
Susténtame conforme a tu palabra y viviré;
Y no quede yo avergonzado de mi esperanza.
Sal. 119.112.116
Por lo demás, hermanos orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros,
y para que seamos libredos de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe.
Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.
Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado.
Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.
2Te.3.1.5
El poder de la palabra nos devuelve siempre al cuidado de Dios, nos encamina y nos libera de todo aquello que nos angustia, .
¿Pero como sabrán los otros esto si no se lo contamos a nadie?
Esto manda Jesús, que hagamos correr la palabra como esperanza de fe a quien la reciba y esperanza de salvación al que fructifique en ella. ¿Y cual es la salvación? No vendrá antes ni después, es la tranquilidad de vivir una vida con un escudo reparador y protector llamado Jesús regalo de Dios para nosotros y nuestra unión directa con él.
Pásala, porque multiplica; regalala porque te fue obsequiada. La Verdad y la Palabra son para compartir.
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