No puede el mundo aborreceros o vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras
son malas.
Jn7.7
Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mia, sino de aquel que me envió.
El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.
El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
Jn.7.16.18
No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con juicio justo
Jn.7.24
Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mi me conocéis, y sabéis de donde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis.
Pero yo lo conozco, porque de él procedo, y él me envió.
Jn.7.28.29
La palabra de Jesús me guía para comportarme en el mundo. He comprendido que donde quiera que voy lo más importante es transmitir su palabra, pero esto no me resulta fácil, y desisto. Aquí en pocos versículos Jesús me cuenta varias cosas: Primero, que a él tampoco le resultó fácil, debió luchar contra todos los de su época tratando de hacerles ver la verdadera forma de acercarse a Dios y de ser salvos e hijos del Altísimo.
Y la segunda, me dice como debo proceder. No soy yo la que hablo,cuando quiero transmitir su doctrina, es el Espíritu Santo que pondrá palabras en mi boca. No soy yo la que traduzco o simplifico para acercar su palabra, es Dios el que elije que cosas debo decir y a quién. Solamente soy un instrumento de su gloria, un mediador que gracias a su gloria eligió para que desparrame su justicia por este mundo. ¿Busco yo mi propia gloria? ¿Quiero decir, pretendo que me reconozcan como buena, santa, o cualquier otro adjetivo bellamente calificativo? Siempre es agradable recibir palmadas en la espalda. Pero no es ese el fin de mi vida. Busco la verdad a través de la gloria de Dios y la justicia que él me muestra. Si al otro le llega, lo entiende y quiere ser parte del pueblo de Dios no habrá sido mi obra, será porque Dios también a él le regaló el poder de la fe. Yo solamente habré abierto mi boca para que él conozca al Señor Jesús.
Si pienso que es difícil, no me pondré jamás en marcha; si siento el empuje de Dios, sabré que todo andará bien. Las batallas contra el mundo las libero con Jesús como escudo.
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