Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía:: Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?
Él dijo: ¿Quién éres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
El, temblando y temeroso, dijo: Señor ¿qué quieres que yo haga?
He.9.4.6
¿Cuantas veces perseguimos a Jesús sin darnos cuenta que negándolo eso es lo que hacemos?, y cuando estamos temblorosos sin luz en nuestras vidas le pedimos que nos muestre el camino, para nuevamente negarlo a la hora de dar gracias por iluminarnos con su sabiduria y su amor. Bueno esto es lo que suele ocurrirme a mi, y espero de corazón que a ti no te pase, porque cada vez que recaigo y me vuelvo a levantar sostenida de su mano entiendo cuan duro me es dar coces contra el aguijón.
Pero, cada vez comprendo, también, cuanto hay que andar y padecer en el camino de la fe en Jesús, Porque hasta mi propia voluntar de seguirlo flaquea frente a cualquier piedra que tropiezo de este mundo, y vuelvo a levantarme, gracias a él.
El señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste para llevar mi nombre...
porque yo le mostraré cuánto le es necesarios padecer por mi nombre.
He.9.15.16
Cómo puedo yo negarme a su voluntad cuando su palabra me resuena en los oídos y me indica por donde caminar.
Imprimir
24 may 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario